Fue probada con éxito en personas voluntarias. Es para quienes sufren la ausencia de miembros superiores por amputación o malformación congénita. Se trata de una tecnología creada por investigadores de la Facultad de Ingeniería. Permite que una mano artificial capte y ejecute las señales nerviosas que accionan los músculos del antebrazo. También tiene sensores que le devuelven al paciente la percepción del tacto. No hay en el mercado una prótesis de este tipo de origen nacional. Las importadas cuestan alrededor de 20 mil dólares, unas 45 veces más que este dispositivo diseñado aquí.
Un grupo de investigadores y alumnos avanzados de la Facultad de Ingeniería desarrolló una tecnología que permite que una mano artificial pueda obedecer las señales nerviosas del cerebro de una persona que ha perdido esa extremidad.
Cuenta con sensores capaces de leer e interpretar a través de una minicomputadora alojada en su interior los impulsos eléctricos que el sistema nervioso envía a los músculos del antebrazo amputado. Está fabricada con una impresora 3D y, hasta ahora, no hay en el mercado una prótesis de este tipo de origen nacional.

El dispositivo tiene una interfaz bidireccional. Por un lado, capta, interpreta y ejecuta las órdenes del sistema nervioso, pero también envía señales en la dirección opuesta, desde la prótesis al cerebro, intentando emular el sentido del tacto.
Los ingenieros universitarios ya realizaron las primeras pruebas con voluntarios y los resultados fueron “alentadores”, según comentaron. Los ensayos proporcionaron una valiosa información que permitió ajustar el diseño computacional y mecánico.
La mano artificial cuenta con sensores en todos los dedos y en cada una de las articulaciones, de manera tal que, cuando toma contacto con un objeto, se produce una vibración en el antebrazo similar a la de un teléfono celular. Con esa información, la persona puede regular la fuerza que debe aplicar para sostenerlo o levantarlo sin que se caiga ni se rompa por la falta o exceso de la presión que ejerce.
La prótesis es capaz de realizar tres tipos de agarre. Uno de fuerza o circular, para asir un vaso o el mango de una herramienta. Otro lateral, para agarrar una tarjeta o una llave, por ejemplo. Y un tercero de más precisión, similar al movimiento de una pinza, que permite tomar objetos más pequeños con los dedos índice y pulgar.
Una de sus ventajas es que no emplea ningún mecanismo invasivo para el cuerpo humano. La sujeción al antebrazo se realiza por medio de un encastre en forma de cono que tiene electrodos dispuestos estratégicamente para captar los impulsos eléctricos de los músculos a nivel superficial, es decir, solo al contacto con la piel.
El doctor Juan Fontana es quien coordina este equipo de trabajo, que además integran el doctor Ronald O’Brien, los alumnos avanzados Gonzalo Oviedo, Martín Pronotti y Mariano Sosa, y que, a su vez, forman parte del Grupo de Acústica y Vibraciones de la Facultad de Ingeniería, que dirige el doctor Leonardo Molisani.
Fontana destacó que “Hasta ahora, no hay en el mercado prótesis de este tipo de origen nacional”, aunque en otras universidades del país hay investigaciones basadas en ideas parecidas.
El especialista precisó que ya se hicieron las primeras pruebas con voluntarios no amputados y, en particular, con una persona con una amputación a nivel del antebrazo. Destacó: “Obtuvimos resultados alentadores y valiosa información que nos permitió ajustar el diseño computacional y mecánico. Básicamente, se probaron los algoritmos que le permiten a la computadora reconocer las señales eléctricas que el cerebro envía al músculo y que después activan el funcionamiento de la mano”.
Fuente: Dirección de Prensa y Difusión UNRC