Otra jornada histórica de lucha fue este 8 de Marzo en Argentina y en el mundo. Conmemoramos en las calles, en el trabajo, hogar, escuela, y en diversos espacios, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
Este año, fue un #8M diferente, y estas líneas no pretenden esbozar una columna de opinión, sino más bien, honrar la memoria de mi madre, quien fue a lo largo de su vida, una mujer trabajadora, jefa de hogar, quien ejerció para sus 8 hijos, y más de 20 nietos, siempre con mucho amor, las tareas de cuidado con demasiado esfuerzo y compromiso.
Mi madre se llamaba Rosa, pero todos la llamaban Pochita, nació en la ciudad de Córdoba, a los 7 años se mudó a la provincia de La Rioja a vivir con una familia adoptiva, a los 9 la devolvieron, cual un paquete porque su pequeño cuerpo se había enfermado.
Ya nuevamente en la provincia, transitó toda su infancia en la ciudad de General Cabrera, “tuve una infancia hermosa hija”, siempre narraba, a pesar de las heridas que dejó el intento de adopción. Volvió a la ciudad de Córdoba, encontró un compañero con el que conformó una familia, fue mamá a los 18 y desde entonces, la vida fue una odisea.
Mientras ejercía su rol de maternidad (mis 6 hermanos mayores), y le ponía el pecho a un proyecto de familia en soledad, sufrió múltiples violencias, ejercidas todas, por el padre de sus hijos, que ya había dejado de ocupar el rol de su compañero. “Lo único que me salvaba eran ustedes, mis chicos y la música, siempre escuchaba música, cantaba para sanar el dolor en el alma”, me contó en alguna tarde de verano sentadas en la vereda.
Con una pequeña red de contención que creó pudo salir de ese hogar en el que sufría tanta violencia, y volvió a la ciudad en la que transcurrió su infancia. Llegó a General Cabrera para empezar una nueva vida, libre de todo tipo de violencias.
Después de unos años llegué a su vida, y cuatro años después mi hermana más pequeña, Mariel. Hay un concepto que quiero remarcar detrás de toda esta historia, y es el de fortaleza.
Como familia, fuimos parte quizás en los ‘90 de la llamada clase media, pero después de eso, y en contextos de crisis continuas que vivimos los argentinos, las condiciones socioeconómicas no fueron abundantes, nunca nos sobró nada, y más de un día nos fuimos a dormir sin un plato lleno en la mesa.
¿Por qué hablo de fortaleza? No es mi objetivo romantizar la pobreza, pero sí hacer foco, en el marco de este Día Internacional de la Mujer Trabajadora, el ejemplo que fue para nosotros, y cuando hablo de nosotros, me refiero a mis 8 hermanos, la historia de vida de mi madre.
Nuestra madre, con muchos defectos pero también demasiadas virtudes, nos enseñó con el ejemplo, a patear la calle, a ir por nuestros sueños aunque tengamos 10 pesos en los bolsillos, a que juntar fardos para después venderlos, es un trabajo digno como cualquier otro, porque eso significaba un plato de comida en esa mesa enorme que teníamos, y que a la vida hay que transitarla siempre con una sonrisa, aunque casi siempre se ponga cuesta arriba.
Gracias mamá por el ejemplo, por la fortaleza, por hacerme una mujer tan fuerte y trabajadora como lo fuiste vos, ojalá la vida hubiese sido menos dura con vos, gracias por cada sonrisa, por los besos y los abrazos eternos.
Gracias eternas. Todo lo que construya siempre, será para honrar tu memoria.