UNRC. Los acordes de la marcha de Malvinas fueron los sonidos finales de una mañana especial en el campus, aquella en la cual el anfiteatro 1 del pabellón 4 pasó a llamarse “Combatientes de Malvinas”.

Momentos antes, Rubén Torello, presidente de la Agrupación de Veteranos de Guerra “Virgen del Rosario”, agradeció emocionado al “rector, a los docentes, al maravilloso grupo del Ateneo (de Estudios Internacionales) que se han cargado al hombro la causa Malvinas, que hoy ha llegado a la Universidad Nacional de Río Cuarto”. Expresó que el reconocimiento es “una caricia al alma” y celebró “que se comience a malvinizar la casa de los más altos estudios” y la presencia de niños, por cuanto serán quienes “llevarán la posta para la recuperación de las islas”.

Tanto en el acto cuanto en el desayuno con autoridades universitarias, Torello subrayó “el valor de la educación”. Instó a “que los chicos estudien y así sepan que el conflicto no es el camino correcto”. Recordó que en las frecuentes charlas que mantiene sea con niños y adolescentes de su familia o con otros alumnos de primaria y secundaria destaca que “todo es posible por el diálogo, sin necesidad de que un iluminado nos lleve a tomar las armas”

La gesta de la que participaron Torello y tantos otros, entre ellos “los 649 muertos, las 649 banderas argentinas que flamean en nuestro territorio”, queda inmortalizada merced a la placa y el mosaico sitos en el pabellón 4. Quien pase y vea la obra de la profesora Carolina Marconi y sus estudiantes de mosaiquismo basada en una imagen de su colega Mario Gallo, del Departamento de Arte y Cultura de Secretaría de Extensión de la UNRC, podrá evocar la heroica lucha en Malvinas. La obra tuvo su génesis en un proyecto que fue promovido por el Ateneo de Estudios Internacionales de la Facultad de Ciencias Humanas y que fuera aprobado por el Consejo Superior por Resolución 405/17 con fecha 31 de octubre de 2017.

Grandeza y miserias

Lejos de las marquesinas y de los celos mundanos, quienes hace 36 años lucharon por la recuperación de Malvinas “no aceptan que los llamemos héroes”, como narró en torno a la mesa de la sala Pereira Pinto el profesor Pablo Wehbe, integrante del Ateneo de Estudios Internacionales. Dejada a un costado esta alternativa, se consideró la chance de rotularlos como veteranos, mas esta denominación excluía a los caídos y viceversa, por lo que se confluyó en Combatientes de Malvinas, “faro que ilumina la mirada histórica”, como añadió.

Wehbe manifestó un “enorme gracias” a los combatientes, reconoció la labor rectoral –“desde 2011 que un rector no iba a los actos del 2 de abril”- y evocó con una anécdota la falsa información que cundía en medios argentinos durante la guerra. Contó que durante una transmisión del Mundial de España, a su primo relator Osvaldo lo anoticiaron al aire de que “estábamos ganando”. Era 13 de junio de 1982.

“Las guerras son lo más miserable que hay”, planteó Torello, y acotó que “con los militantes somos parecidos, pero no iguales. Hoy comemos y estamos juntos, pero en los momentos bravos…”. Reconoció que “como soldados éramos jodidos” y que “por ahí tuvimos suerte de jefes que estuvieron al lado nuestro, pero hubo otros que no”.

Claudio Bustos, otro combatiente de Malvinas, aseveró que “hubo soldados a los que oficiales y suboficiales se la tenían jurada”. No fue apenas un decir: “Hacíamos actos vivos en plena guerra”, “hubo gente estaqueada y bailes (entrenamientos sobreexigentes) de dos horas con agua a la cintura y temperatura de 14 grados bajo cero”. Reconoció que “hubo gente que robaba”, claro que lo hacía “porque pasábamos dos o tres días sin comer”, y que quienes detentaban poder en las islas “por uno bailaban a cien”.

Como lo sintetizó, “más allá de la guerra” con los ingleses, los combatientes argentinos debieron “soportar la conducta de los propios engendradores de la guerra”.

Otro botón de muestra de bajeza fue que “en las alertas roja se escondían ellos primero”. Y como ejemplos de la desorganización con que se resolvió ir a Malvinas, Torello mencionó que “ninguno de nosotros tenía chapa identificatoria, una cuestión elemental” y que “cada fuerza peleó su guerra”, lo cual se agravó porque “marina era más yanqui que otra cosa”.

Así y todo, el presidente de la Agrupación de Veteranos de Guerra llamó a “mirar el pasado sin odio, sin rencor, y llevar Malvinas al conocimiento de chicos y adolescentes”. Para ello, una clave será la concreción del sueño del museo en la ciudad, que serviría “para que pasen todas las escuelas de Río Cuarto y la región”.

Emoción

Juan Giusiano, coordinador del Ateneo de Estudios Internacionales, dijo un rato después que el acto constituía “una ocasión muy emocionante”. Agradeció “a la agrupación (de veteranos de guerra) que nos abrió las puertas para trabajar con ellos” y lo propio hizo con relación al rector de la UNRC, al decano de Ciencias Humanas y al Departamento de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales por apoyarlos en sus iniciativas.

Sostuvo Giusiano que la placa y el mosaico flamantes son “un pequeño paso en la tarea de malvinizar” y resaltó que “somos pioneros: de las primeras universidades que tienen un espacio físico con nombre dedicado a Malvinas”. El arte que en el anfiteatro 1 del pabellón 4 del campus hace visible la lucha de 1982 contribuye a visibilizar lo hecho en las islas y como recordatorio para la “causa Malvinas”, que “nos debe tener juntos a todos”. En consonancia, Torello indicó: “Malvinas no tiene ideología política”. Además, mostró su gratitud por la labor del ateneo, pues “es muy rica su investigación” y favorece la comprensión de “lo que se ha hecho en política internacional en estos 36 años”.

El rector de la Universidad compartió el “honor de esta posibilidad” de la presencia de combatientes en el campus. Roberto Rovere afirmó que importa conservar la guerra de Malvinas en la memoria “para reclamar nuestros derechos como nación y para evitar repetir errores”. Dijo que es menester “trabajar en el día a día” en pos de profundizar sobre “causas y consecuencias de Malvinas” y en este contexto invitó a los combatientes a que “vengan a trabajar con los chicos”.

En el acto se hizo un minuto de silencio por los 649 caídos en la guerra. Una guerra en la que, según Rubén Torello, “los que más sufrieron fueron nuestras familias. Hoy pienso si pasara algo así y te aseguro que no querría que mi hijo fuese a combatir. Uno con 18 años se cree que las balas doblan, que es inmortal, pero la familia sufre”.

Y sufre a distancia. Desde una lejanía muy distinta de la de los jerarcas que, “en oficinas con calefacción central”, como lo apuntó Pablo Wehbe, decidieron que otros fueran a la guerra.

DIRECCIÓN DE PRENSA Y DIFUSIÓN UNRC