“Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.

Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.

La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.

Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras.

Es el tiempo del miedo. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.

Miedo a los ladrones, miedo a la policía. Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.

Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir”. El miedo global. Fragmento de Patas Arriba. La Escuela del mundo al revés de Eduardo Galeano (1998). 

El 20 de marzo, el presidente Alberto Fernández decretó para todo el territorio nacional, un aislamiento social, preventivo y obligatorio o comúnmente denominada “cuarentena”, con el objetivo de frenar el avance del coronavirus. La medida estuvo apoyada por todos los gobernadores de la Argentina. El objetivo del aislamiento es “planchar la curva” de contagiados. 

“Esta es una medida excepcional que dictamos en un momento excepcional pero absolutamente dentro del marco de lo que la democracia permite”, dijo el presidente en su discurso.

Pasaron cinco meses de esta disposición, tiempo en el que el gobierno nacional y provincial efectuaron inversiones en el sistema sanitario con el fin de fortalecerlo y que no “llegue al colapso” fue el fundamento de distintos especialistas y dirigentes.

Por casi tres meses la ciudad de Río Cuarto y la región no tuvieron casos positivos de covid-19, pero un día llegó. En tan sólo 20 días se duplicó la curva de contagios, pasamos de tener 1.687 casos el 25 de julio a 2.542 activos (310 en Río Cuarto), y 6.100 en total, 3.454 recuperados y 104 personas fallecidas hoy 25 de agosto.

El discurso de prepararnos para el “pico de la curva” carece de hechos. Se inauguraron hospitales modulares, se dotó de equipamiento a los hospitales, pero… ¿cubrieron estas medidas las necesidades más urgentes de la salud en general? Nos quedamos con el beneficio de la duda.

¿Por qué? En Río Cuarto y la región es la propia salud de médicos, enfermeros y todo el personal afectado de los nosocomios tanto públicos como privados la que está siendo vulnerada, y poco cuidada, con aumentos provinciales de $200 pesos para enfermeros y condiciones de trabajo deplorables.

“Después de una jornada de lucha esperamos alguna paritaria con el gobierno provincial, pero nos encontramos con que nos depositaron 110 pesos en algunos casos y 150 pesos en otro. Parece una burla en el medio de la dramática situación que vivimos”, Rosana Cardozo, trabajadora del Hospital San Antonio de Padua.

¿Es más importante la infraestructura o dotar de más profesionales al sistema sanitario? ¿O a ambos? ¿Tenía que suceder una pandemia para que nos diéramos cuenta de lo deficitario que es nuestro sistema de salud tanto público como privado?

En el medio, la posibilidad de un proceso electoral, que ya fue postergado. En su mayoría, los dirigentes y candidatos a intendentes a lo largo de los días, fueron expresando su moción para que las elecciones no se realicen debido a que atentan contra la salud de la sociedad riocuartense. ¿El último en opinar?: Juan Manuel Llamosas, quien busca su reelección, los números de las encuestas lo dan como ganador, pero un cambio de escenario podría modificar estos números.

“Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana”, dijo Galeano.

¿Río Cuarto es un ejemplo del mundo al revés?

Por Laura Olocco

Fotos: Archivo