Por Pablo Gustavo Díaz. Consultor en marketing político

Empezamos el año electoral y la pregunta que más nos van a hacer a los consultores políticos es quién va a ganar las elecciones. Y la verdad es que es una pregunta cuya respuesta está condicionada por tantas variables circunstanciales que la hace muy difícil de responder con cierto grado de certeza y exactitud.

Lo que si podemos decir con mucha mayor aproximación a la realidad los consultores políticos que nos dedicamos seriamente al estudio del mercado electoral, es “qué van a votar los electores”: 4 de cada 10 van a votar influenciados por sus sesgos culturales-tradicionales, vale decir más condicionado por su historia familiar y sistemas de relaciones afectivas que por sus ideas acerca de la organización de la sociedad propuesta por el marxismo: 2 lo harán por candidatos del partido peronista. Otros 2 por candidatos de partidos antiperonistas.

Otros 2 de cada 10 van a votar influenciados por sus sesgos ideológicos. Acá si juega más la teoría marxista de la ideología con lo que estos son los que se ubican de izquierda a derecha en la geografía política según sus filosofías de vida estén más cerca de los valores progresistas como la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad; o más cerca de los valores conservadores de Dios, Patria y Familia.

Estos 6 de cada 10 son los que ponen las bases de votos para conformar los espacios políticos, que también solemos llamar los consultores políticos como “núcleos duros”. Son los que han posibilitado la paradoja de gobiernos peronistas de derecha como el de Isabel Perón y Carlos Menem y de Izquierda como el de Cristina Fernández. Y también gobiernos radicales de izquierda como el de Raúl Alfonsín o de derecha como los de De la Rúa y Macri. Son los que mantienen en equilibrio el sistema democrático argentino: la fuerza que cincha hacia ambos lados de la grieta.

Los 4 restantes que faltan para completar los 10 votarán por muy diferentes motivos, tales como: afectivos (amor, odio), utilitarios (trabajo, negocios, viviendas, dinero), causales (ambientales, de derechos civiles), resignación (el menos peligroso) o esperanza (el más confiable).

Estos últimos 4 son los que definen las elecciones. Acá también hay una alta carga de sesgos de muy variado tipo (disponibilidad, confirmación, efecto halo, etc.) pero en ellos no importa ni la ideología de izquierda o derecha que pueda sostener el marco teórico del candidato, ni la pertenencia política del mismo.

Da igual que el candidato sea un progresista del ARI como Carrió, un conservador de Encuentro Republicano como Pichetto, un Liberal como Espert, un Libertario como Milei, un radical como Manes, un peronista como Scioli o un comunista como Myriam Bregman. Lo importante para ellos es que el candidato represente sus sentimientos, sus preocupaciones, sus miedos o sus esperanzas. Básicamente que el candidato esté “cerca” de él. De su “Ideal”.

No se quien será el próximo presidente del país, gobernador de tu provincia o intendente de tu pueblo. Lo que si se es que ganará aquel que sepa como hackear el cerebro de los votantes para comprender lo que pasa allí dentro y meter su imagen en ese lugar donde el elector define su voto.