Otra vez, seremos miles en las calles y plazas de todo el país. Hace meses que nos preparamos, más que meses, años han transcurrido en los que nosotras, y otras antes que nosotras hemos peleado por nuestros derechos, hemos reclamado, salimos a la calle, nos organizamos: como ahora.
Pero para esta ocasión, hace más de un mes que venimos preparándonos en todo el país con asambleas de más de 400, 1000 personas como en Córdoba o Buenos Aires, y también como en Río IV.
Estamos organizando el próximo Paro Internacional de Mujeres, que el año pasado implicó movilizaciones en más de 50 países, que este año se prepara en mas de 70 estados de todo el mundo.
Somos parte de un movimiento que discute todo, que está dispuesto a ponerlo todo bajo la lupa, desde el acoso y el abuso sexual aún en los estratos de las mujeres con mejores condiciones económicas como en Hollywood o Cannes, hasta la situación de precarización laboral o despidos que sufrimos simplemente por haber nacidos en cuerpos femenizados. Eso es lo que denunciamos las trabajadoras de la salud o las docentes en todo el país cuando peleamos contra la imposición de un techo salarial de miseria por parte de todos los gobiernos; lo mismo que denuncian las trabajadoras del Hospital Posadas, en Buenos Aires, que luchan contra los despidos.
Aborto clandestino también es violencia
Cada vez que hemos insistido en que la clandestinidad del aborto lleva a que mueran mujeres, sobre todo jóvenes y pobres, señalábamos una forma mas de la violencia machista impuesta por el estado y la iglesia. Sin embargo, fue también la lucha y organización de años, la que nos permitió poner en el foco del debate, este 8 de marzo, la necesidad de legalizar el aborto para enfrentar un verdadero problema de salud pública, y de reconocer el derecho inalienable a decidir sobre nuestros propios cuerpos.
Durante todos estos años, las organizaciones de mujeres como Pan y Rosas y el PTS en Frente de Izquierda, hemos batallado para convencer a la población de todo el país, de que es necesario legalizar el aborto en los hospitales públicos para evitar más muertas y que ello tiene que esta necesariamente acompañado de una educación sexual integral efectiva para poder decidir, y anticoncepción gratuita para no tener que abortar. Las últimas encuestas de todo el país indican que la mayoría de los y las argentinas, entienden que no pueden poner por delante sus creencias personales, a la vida y la salud de millones de mujeres. En Córdoba, esas cifras ascienden al 65,7% de la población.
En todo el país las cifras son similares, por eso el gobierno de Cambiemos confirmó -en la apertura de sesiones del Congreso- que habilitaría el debate sobre el derecho al aborto, manifestando, sin ambages, que su posición es “a favor de la vida”, es decir, a favor de que sigan muriendo mujeres por aborto clandestino. Su posición no dista de la de la ex presidenta, Cristina Fernandez de Kirchner que se negó, si quiera, a debatir este derecho tan elemental de las mujeres, y así evitar que bajo sus gobiernos murieran alrededor de 3000 mujeres, con cifras anuales similares a las de las víctimas de femicidio
Muchos periodistas analizan que el gobierno maniobra para dividir a la oposición, para tapar las medidas económicas que lleva a cabo, para contrapesar el malhumor social de una realidad que golpea a jubilados, laburantes y sectores populares con tarifazos, salarios de miseria y despidos.
Más allá de eso, lo que salta a la vista es que, como si fuese un yudoca, pretende usar las fuerzas del movimiento de mujeres a su favor, para contrapesar las malas noticias de una economía que no tiene perspectivas.
Así, lo único que confirma esta maniobra de Cambiemos, es que la fuerza de las mujeres y el conjunto de movimiento de gays, lesbianas, trans, está en las calles, donde siempre estuvo. Por eso, no podemos confiar en que ellos o sus diputados voten a favor de un proyecto que ya fue presentado siete veces en el Congreso y nunca fue tratado, a pesar de que se lo debatió en comisiones y se escuchó ya “a todas las voces” como dice el presidente. Cada uno de ellos, desde Cristina a Macri, pasando también por los gobiernos provinciales, han hecho prevalecer su alianza con la Iglesia Católica, no sólo por si se enfrenta verbalmente o no con el Vaticano, sino por los múltiples lazos que unen a funcionarios y políticos de todos los partidos patronales, con esa institución contraria a nuestros derechos.
Solo confiamos en la fuerza de nuestra organización, nuestra lucha y en la movilización. Por eso, además de colmar las calles este próximo jueves, exigimos a las centrales sindicales como la CGT y CTA, que convoquen a un paro activo que garantice una marcha multitudinaria, a la vez que permite discutir e intercambiar en cada asamblea en los lugares de trabajo, de qué manera enfrentamos el ajuste que imponen los gobiernos y recae duramente sobre las mujeres trabajadoras y pobres. Queremos trastocar de raíz esta sociedad de explotación y opresión hacia las mujeres, para eso, necesitamos que la tierra tiemble.
Por Laura Vilchez – Legisladora Provincial PTS-Frente de Izquierda
Para revista La Ribera.