Por Laura Olocco. Comunicadora Social

Una mujer debió trabajar un año y tres meses para obtener los mismos ingresos que un varón alcanza a tener en un año. El 9 de abril se celebró el Día Nacional del Pago Igualitario, declarado en la Argentina por la Asociación Civil Ecofeminita para poner foco sobre la brecha salarial por género.

Las mujeres percibimos sistemáticamente ingresos inferiores a los de los varones. Los últimos datos disponibles evidencian que la brecha general alcanza el 26,4% y, además, notamos que este indicador no se modificó demasiado los últimos 8 años. Pero, ¿por qué? El principal factor es la diferencia de horas trabajadas. En nuestro país, las mujeres dedicamos casi el doble de tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Como resultado de ello, disponemos de menos horas para dedicar a nuestros trabajos remunerados, lo que nos lleva a percibir menores ingresos.

A pesar de la evidencia, Milei ha negado en repetidas oportunidades la existencia de la brecha salarial y, lo que es más, no reconoce a los trabajos domésticos y de cuidados como trabajo, siendo que la en la mayoría de los estados occidentales y organismos internacionales como la OIT, reconocen este tipo de trabajo como tal.

El segundo factor que impacta en la brecha salarial es la segregación horizontal que refiere a la concentración de mujeres en trabajos vinculados a los cuidados y la reproducción social y la concentración de varones en sectores como la construcción y la industria, reproduciendo así los estereotipos de género que inician desde que nacemos. En este sentido, en Argentina las mujeres representan el 96,9% de las trabajadoras domésticas remuneradas del país. Además, están sobrerrepresentadas en el sector de la enseñanza (73%), servicios sociales y salud (69,4%) y los servicios comunitarios (54,4%). Estos trabajos feminizados suelen ser, además, sectores de bajas remuneraciones y alta precarización laboral.

Y por último, existe lo que llamamos la segregación vertical. La Asociación Civil Ecofeminita explica que conceptos como el “techo de cristal” refieren a las dificultades que tienen las mujeres para acceder a cargos jerárquicos, lo cual tiene como consecuencia que luego no son incluidas en la toma de decisiones, desarrollo de carrera y escalas salariales.

La Encuesta Nacional a trabajadores sobre Condiciones de Empleo, Trabajo, Salud y Seguridad (ECETSS 2021) reportó que en el país, las mujeres ocupamos apenas el 37,2% de puestos directivos y 24,4% puestos de jefaturas en las ocupaciones. Además, reveló que el 58,4% de las trabajadoras mujeres tienen una jefa mujer, mientras que para los trabajadores hombres el número es de 14,6%. Esto coincide con la feminización de las ocupaciones laborales: en aquellas ocupaciones tradicionalmente femeninas, es más común ver jefaturas de mujeres, mientras que en las ocupaciones masculinizadas su existencia es nula.

Estos son algunos de los factores que atraviesan a la sociedad toda y por los cuales las mujeres seguimos preguntándonos cada 9 de abril, por qué ganamos menos.