Por Nicolás Forlani. Lic. Ciencia Política, Dr. En Estudios Sociales de América Latina. Becario Posdoctoral del CONICET
La decisión de CFK de impulsar y avalar la candidatura presidencial de Sergio Massa ha revelado, antes que desconcierto, cierta sensación de orfandad política entre las filas del kirchnerismo. En verdad, la aprobación de la máxima líder del peronismo a su candidatura no se circunscribe a las vertiginosas negociaciones del pasado fin de semana. El impulso de su candidatura remonta, al menos con nítidas manifestaciones públicas, a las reiteradas demandas por el desplazamiento de Martin Guzmán vis a vis el pedido de que el líder del Frente Renovador asuma la cartera de economía, por cierto, con mayores atribuciones (“superministro”).
El vacío en términos de representación política que Massa provoca entre las bases identificadas con el kirchnerismo se comprende en la tensión dilemática que su figura genera al interior del espacio: “¿claudicación del proyecto Nac & Pop o mal necesario para evitar el triunfo de la ultra derecha?”. Aunque ambas tesituras no se contradicen, los efectos movilizadores de una u otra no se corresponden. A la desesperanza que provoca la primera, ergo la resignación hasta tiempos mejores… la segunda da cuenta de un compromiso a la defensiva, pero compromiso político al fin: militar para impedir el ascenso de sectores que abiertamente desconocen el pacto democrático.
Sin embargo el presente ensayo no centra su esfuerzo analítico en pos de valorar las implicancias que una u otra significación reviste de cara al proceso electoral. Aspira más bien, a intentar comprender la lógica política que acompaña la decisión de CFK en la determinante definición adoptada: validar y acompañar la lista de Unidos por la Patria encabezada por Sergio Massa.
A tal fin, es necesario inscribir la decisión de la actual vicepresidenta en una lectura de la dinámica socioeconómica de la coyuntura, en un registro del proceso sociopolítico previo y en una perspectiva hacia futuro de la correlación de fuerzas.
Es este un presente signado por la dualidad: crecimiento económico y profundización de las desigualdades, en el marco de un gobierno nacional electo en nombre del peronismo. Existe una base social desencantada y una ultraderecha que articula el malestar social bajo una retórica antagonizante: promete orden mediante un Estado represivo sobre la protesta social, y prosperidad bajo el libre albedrío de los factores de la producción.
Que tal retórica conservadora en lo político y liberal en lo económico conecte con una parte sustantiva del electorado no es, desde luego, solo obra de los tiempos presentes… es ante todo un fenómeno “emergente” cuyas raíces remiten a subjetividades de más largo alcance: no es que una parte del electorado otrora afín a CFK haya olvidado las mejoras redistributivas de la “dékada ganada”; ocurre que el proyecto kirchnerista aun con sus rasgos disruptivos, no logro desmantelar por completo el sentido común neoliberal implantado y luego hegemónico en Argentina (y en el mundo) desde el último cuarto del siglo XX. En otros términos, el compromiso con los de abajo en la división partisana de lo social expresado en múltiples conflictos (entre otros: por la renta agraria, la democratización mediática y frente al capital financiero-especulativo/fondos buitre) no resultó suficiente para permear en una subjetividad de amplios sectores cuyos logros materiales y simbólicos no se asociaron al nuevo rol del Estado nacional.
Aunque constituya una referencia simplista, habida cuenta las múltiples dimensiones que intervienen en la compleja dinámica de los procesos de subjetivación política, no resulta menos sintomático rememorar que la vigencia del credo neoliberal antes que expresarse el triunfo de Macri en las elecciones de 2015, se manifestó previamente en los límites del proyecto Nac&Pop en la designación de Scioli como candidato a presidente.
De mayor cercanía a los tiempos actuales pero con consecuencias aún no del todo sopeadas, la gestión de Cambiemos (2015-2019) en alianza con los poderes fácticos globales, cimentó un doble condicionamiento previsiblemente de mediana y larga duración: el brutal endeudamiento/fuga de divisas que restringe la independencia económica del país y la persecución política-mediática-judicial (lawfare) que al tiempo que proscribió al liderazgo de mayor volumen electoral –CFK- produjo un estigma negativo respecto de la identidad kirchnerista en un sector de la ciudadanía no necesariamente antiperonista.
“Y si todavía no podés transformar, al menos tranquilizar”
En un escenario electoral a priori adverso conforme a los condicionamientos señalados, en un reciente acto en el que se recuperó el avión “de los vuelos la muerte”, CFK con la expresión citada, dio cuenta del momento político: no están dadas las condiciones objetivas ni subjetivas para una disputa frontal.
En esta tesitura, un candidato “k” exponía a la facción del movimiento peronista más disruptivo del siglo XXI más que a una derrota electoral, a una dispersión cuasi definitiva. Al ceder el cargo ejecutivo se reserva la primacía en las listas de diputados y senadores y se confía en un mayor caudal electoral con un candidato presidencial más atractivo para los sectores medios.
En caso de derrota, el costo político mayor recaerá en la propia figura de Massa, mientras que lxs hijxs de la generación diezmada por posición en el entramado institucional (parlamento y muy probablemente la gobernación de la provincia Buenos Aires) devendrían en la representación política de la resistencia social.
En tanto, una eventual victoria del peronismo, lejos de reeditar la performance política de estos últimos cuatro años, inaugurará una nueva dinámica política con una figura presidencial que, por trayectoria y ambición, presumiblemente buscará redefinir el liderazgo en el movimiento. Sobre la base de tal proyección, la inclusión de Massa en el referido acto de Memoria, Verdad y Justicia, fue a la vez que una legitimación pública de CFK a su candidatura, un primer intento performativo por condicionar su futura orientación político-ideológica.