Por Sandra Choroszczucha – Politóloga y Profesora de la Universidad de Buenos Aires

En los últimos días se escuchó disertar sobre por qué seguir colocando en agenda el tema “genocidio de la dictadura del año 1976”, cuando aquí y ahora nos aquejan temas tan urgentes como la grave crisis económica, la pobreza e indigencia crecientes y una inseguridad que nos golpea duro.

Entiendo que el tema “genocidio de la dictadura del año 1976” podría haber perdido cierto protagonismo durante los últimos gobiernos, debido a que a medida que transcurre el tiempo, la amenaza de un golpe macabro como el que sufrimos parece quedar lejano, y porque sin dudas los problemas a resolver en la preciosa democracia son muchos y muy apremiantes.

Por otro lado, entiendo que el kirchnerismo se apropió una vez más una bandera que no le es propia, y que esto ha generado que muchos argentinos consideren que defender y honrar nuestra democracia es un acto k. Y esto es una falacia.

Los dictadores genocidas de 1976 se tuvieron que someter a un juicio civil (Argentina fue el único país que hizo un juicio civil y no militar a los dictadores) y se sometieron a tal juicio magistral y fueron condenados, porque así lo dispuso el primer gobierno de la democracia, el gobierno radical del Dr. Raúl Alfonsín. El contrincante peronista de aquella época, Ítalo Luder, que perdió la elección en 1983, no estuvo de acuerdo en realizar un juicio a las Juntas, sino que apoyaba la ley de autoamnistía para los genocidas militares.

¿Esto quiere decir que la bandera de la democracia debe ser apropiada por los radicales y que los peronistas no repudiaban la dictadura? Absolutamente no. Esto quiere decir que el

kirchnerismo en su frecuente relato, se apropió simbólicamente de enarbolar la defensa de los derechos humanos y el castigo merecido a los genocidas militares. Y esto quiere decir que los anti kirchneristas creen este relato y concluyen honrando la grieta, algo así como “si seguir repudiando la dictadura y defendiendo la democracia es un acto k, entonces ninguneo o minimizo este acto de defensa de la democracia”.

Nos acostumbramos a vivir en democracia y muchos perdieron la real dimensión de lo que significa que puedan secuestrarte, torturarte, robarte un bebé, tirarte vivo de un avión, violarte o fusilarte como parte de un plan sistemático gubernamental.

Con la creciente inseguridad en Argentina, que salgan nuestros hijos a la calle hoy es peligroso, claro que sí; quedarte en tu casa era peligroso en la época de la dictadura porque podías estar durmiendo y que ingrese un grupo de militares y secuestre a tus hijos. Y probablemente nunca más ibas a conocer sobre el paradero de ellos. Pero como dijo descaradamente el ex guerrillero Luis Labraña recientemente en un vídeo oficial mileista, solamente esto le ocurrió a 4 mil desaparecidos, y lo de los 30 mil lo inventó el.

¿Habrá que acostumbrarse que 4 mil desaparecidos no es un genocidio y habrá que creerle al que inventó por casi cinco décadas una cifra sobre muertos y desaparecidos, que ahora sí dice la verdad y no son 30 mil’? ¿Habrá que creerle también que los guerrilleros y los militares no fueran malos, sino que eran “ángeles caídos porque ambos, de ambos lados pelearon por la libertad y pelearon por la patria”, y que lo de los desaparecidos fue un gran negocio para ir a buscar plata a Holanda para que las madres se compren un localcito para organizar la búsqueda de sus hijos? Indignante.

Prosigo, sigo molesta al observar esa apropiación engañadora del kirchnerismo de levantar las banderas de los derechos humanos, que son patrimonio de todos los argentinos.  Sin embargo, en estos días dejé de pensar que el Nunca Más debía ocupar un lugar menos aguerrido, ya que bajo la gestión del nuevo gobierno de Milei-Villarruel, y viendo con detenimiento el video oficial justificando el último golpe, advertí que el “genocidio de la dictadura del año 1976” vuelve a caer miserablemente bajo la carátula de la mentirosa teoría de “los dos demonios”.

Articulando tanto espanto

Que los grupos terroristas como Montoneros o ERP hayan torturado y matado gente es algo repudiable, miserable, terrorífico y quiénes cometieron tales delitos aberrantes, son criminales y debieron ser condenados. Debieron ser condenados y debieron pudrirse en la cárcel. ¿Y quién debió ocuparse de realizar esto? El Estado; en 1976 un Estado que estaba conducido por un gobierno militar porque en Argentina se perpetró un golpe militar.

¿Pero el gobierno militar de Argentina actuó de tal manera o actuó igual que los grupos terroristas, torturando y matando terroristas y más grave aún, torturando y matando y desapareciendo y tirando vivos de aviones y robando bebés a ciudadanos argentinos que no eran terroristas? La respuesta es lo segundo.

Me pregunto y les pregunto ¿si un ladrón roba, el Estado debe detenerlo y la justicia condenarlo? ¿O el Estado debe robarle al ladrón y también transformarse en un Estado ladrón?

La teoría de los dos demonios durante la dictadura en Argentina es una mentira y es una mentira peligrosa y preocupante que hoy la proclama el Estado argentino a través de su nuevo gobierno en funciones.

Se puede contar la historia completa y así debería ser, todos los torturadores y asesinos debieron y deben ser condenados. Se puede sacar de escena el protagonismo del kirchnerismo como el abanderado de los derechos humanos, cuando los abanderados de los derechos humanos son la mayoría de los partidos políticos y somos la mayoría de los ciudadanos argentinos.

¿Pero podemos aceptar con soltura que un gobierno nos quiera convencer/imponer que el accionar de terroristas miserables y asesinos es equiparable al de un Estado miserable y asesino, que debió condenar a los primeros y no comportarse como tales? Si nos convencen/imponen que es equiparable, el gobierno libertario reivindica gobiernos que ejercen terrorismo de Estado, dictaduras.

Los Estados deben condenar al terrorismo y no transformarse en terroristas, Nunca Más.