O el fin del “Modelo Córdoba”, ante el expansionismo Porteño que carcome la coparticipación federal.
El gobernador Juan Schiaretti, ha decidido con firmeza incursionar en la escena política nacional, en el marco de las elecciones primarias de agosto y generales en octubre. Pero, teniendo claro que bajo el estandarte de Justicialista moderado y anti K, no mueve el amperímetro, comenzó un periplo de corto recorrido con la curiosa consigna de “frente de frentes”, y luego de un profuso sondeo político, concluyó en que lo mejor que puede promover es un gran acuerdo con los moderados de Juntos por el Cambio a nivel nacional, o más precisamente, el carril que encabeza Horacio Rodríguez Larreta, el jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
El eje, ya es conocido desde hace poco más de 10 días -tal como lo reflejamos en la columna anterior-, siguió forjándose durante el fin de semana, y si no toma forma definitiva y se hace público, es porque no se quiere afectar la lista de JxC que aquí en Córdoba, encabeza Luis Juez, y que compite contra el delfín del gobernador, Martín Llaryora.
En éste nuevo capítulo político en ciernes, actualizamos una pregunta recurrente: ¿todo vale para que un dirigente/candidato pueda dar un salto significativo que lo reposicione en la disputa de poder en la escena nacional? Nos resistimos a creer que si. Pensamos que es posible y necesaria una construcción de una nueva coalición política que alimente nuevas expectativas, pero al mismo tiempo, lejos también de que se constituya como un fin en sí mismo.
Si nos ubicamos en los planos programático y conceptual de un eventual proyecto de gobierno, surgen rápidas consideraciones sobre lo que dejan 16 años de macrismo en la ciudad de Buenos Aires, y los conocidos por estos rincones, 24 años de “Cordobesismo”.
Allí, surgen inequívocas las primeras directrices de lo que, imaginariamente podría ser un eventual gobierno nacional de lo que Schiaretti define como frente de frentes, junto a Larreta.
El tema central es donde ponemos a uno y otro en la coparticipación federal de impuestos que la Nación reparte entre las provincias. ¿No es un poco apresurado abordar ese tema? Arriesgamos a lo que pensaran algunos. Podemos decir que es casi la bisagra de cualquier construcción nacional en términos programáticos, pues en algún momento deberán delinear sus partícipes qué quieren para el país y cómo proyectan ejecutarlo. Veamos.
Fondos de Nación, CABA, y lejos, el resto
Buenos Aires, ciudad, resultó el distrito que más ganó en el reparto de la coparticipación federal en los últimos 30 años. ¿Tres décadas? Si, leyó bien, y con el registro de dos hitos trascendentes, como las medidas de Mauricio Macri, siendo presidente y la cautelar de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Creció 548 por ciento entre 1993 y 2022, en detrimento de otras provincias. Entre 2022 y 2023 pasará de recibir el 2,8 del total al 4,28% del total.
Son los datos que presenta un informe esclarecedor sobre la Coparticipación en Argentina que elaboró el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), en el que analizó la distribución efectiva de la recaudación tributaria nacional durante los últimos treinta años.
El extenso trabajo muestra en algunas de sus conclusiones, que solo 10 de las 24 jurisdicciones pudieron aumentar su coeficiente primario efectivo en los últimos 30 años respecto del año base. CABA fue la que presentó el mayor crecimiento (548%), seguida en el ranking por las provincias de Chaco (13%), Tierra del Fuego (10%), Santa Fe (8%) y Córdoba, también, 8 puntos.
También se observa que Catamarca y Misiones se encuentran en situación similar a la del año base. Por otro lado, las provincias que vieron reducir su coeficiente primario efectivo respecto al año 1993 fueron: Chubut (20%), Neuquén (13%), Santa Cruz (13), San Luis (7), La Pampa (otros 5 puntos), Río Negro (4), La Rioja (4), Buenos Aires (2%), Mendoza (2%) y Jujuy (1%).
El Instituto dirigido por Nadin Argañaraz, cuantifica tanto la distribución primaria, es decir qué porcentaje de la recaudación tributaria nacional fue a manos de las 23 provincias y de CABA en los últimos 30 años, “considerando la reciente resolución de la Suprema Corte de Justicia respecto a CABA”; y la secundaria efectiva, que permite establecer “el porcentaje efectivo de recursos que fue a cada una de las jurisdicciones en cada uno de los años del periodo analizado, en relación al monto total de recursos distribuidos a las Provincias y CABA”.
Con estos datos, uno puede corroborar que las acciones políticas de las y los dirigentes rara vez han ido de la mano con la toma de decisiones programáticas y conceptuales, como planteamos inicialmente.
A todas luces, es difícil comprender semejante asimetría entre el poder Porteño y el resto de los 23 distritos que conforman lo que por definición es la Confederación Argentina.
Macri y la Corte Suprema, un clásico
Aquel Macri presidente, sedujo a Schiaretti con un plus de coparticipación, en una suerte de maximización de beneficios políticos y económicos. Dicho en otros términos, ambos recogieron los créditos esperados: el gobernador mediterráneo salvó la ropa del mentado cordobesismo, y el entonces jefe de Estado nacional, fortaleció su diamante bruto con el doble de fondos en CABA.
Entonces, ¿Schiaretti provoca ahora una retorcida seducción a Larreta para forjar una coalición político-electoral que interesa a ambos, y que además, tiene el tinte de un eventual programa económico que acentúe la desigualdad en el crucial reparto de fondos? ¿Qué pasaría con el mentado Modelo Córdoba de producción y desarrollo, que alardea con un bloque legislativo llamado Córdoba Federal?
Inicialmente, la Ley de Coparticipación Federal sancionada en 1988 fijaba que el total de los recursos coparticipables se reparta en un 42,34% para Nación, un 56,66 para las provincias y un 1% para un Fondo de Aporte del Tesoro Nacional (ATN) cuyo destino era atender casos de emergencia y desequilibrios financieros de los gobiernos provinciales. Durante la década del 90, sin embargo, esta proporción se fue desbalanceando y las provincias perdieron participación.
Desde el 2003 hasta 2015 se produjo una estabilización de la participación de las provincias y CABA sobre los impuestos recaudados a nivel nacional en alrededor de un 40 por ciento. A partir de 2016 este porcentaje aumenta, llegando en 2020 al pico de 50,6%. Eso se da por la restitución a Santa Fe, San Luis y Córdoba y por aumento del coeficiente para CABA decretado por Mauricio Macri en 2016, que lo elevó del 1,4% al 3,75 para luego del Consenso Fiscal en 2018 dejarlo en 3,5%. A fines de 2020, el Gobierno de Alberto Fernández volvió a ubicarlo en el 1,4 por ciento. Y más recientemente, un fallo de la CSJN fuerza a que el mismo se eleve a 2,95% este año.
Ojalá que éste ejercicio, apenas resulte eso. Un borrador con datos importantes que ponen el foco en un ítem que afecta los intereses de no pocas provincias, y con ellas, la calidad de vida de sus habitantes.