Por Hugo Busso. Dr. en Filosofía. Autor de Ecoocreatividad, EDUVIN, 2022. Profesor universitario en Paris (Francia)

Es evidente que para cambiar de modelo económico al menos es necesario modificar sustancialmente la demanda social que manifiestan los deseos, preferencias y expectativas de las personas en sus estilos y modos de vida, así como el de las comunidades en sus diferentes escalas y dimensiones históricas socioculturales. La subjetividad inscripta en el imaginario de este sistema mundo dominante de libre mercado y propiedad privada enmarcan el acontecimiento de verdad individual de cada persona, como contexto y situación en que se manifiestan las inteligencias incorporadas. Inteligencia que la consideramos como el producto de un manojo de tendencias contradictorias, en sus versiones racionales (cálculos, conceptos tamizados por el lenguaje) y en sus efectos afectivos corporales (percepciones, emociones, sentimientos) que configuran su memoria y potencial praxis situada. El imaginario moderno liberal eurocentrado influye y determina nuestra visión, ya que incorpora sus contextos sistémicos condicionantes directos con acentos que marcan, por lo general, sus condiciones esenciales. Esto es que sea dominante y utilitarista con lo Terrestre como modo de relación histórico-estructural. Por ende, muestra interacción que no es neutra y que implica una perspectiva paradigmática especifica con la diversidad bio-sistémica de la que formamos parte nos hace creer en nuestro lugar central y preponderante en la red viviente. Que es cierto y muy verificable al menos en las consecuencias negativas de serlo, por la depredación y degradación ambiental que hemos efectuado en los dos en particular luego de la revolución industrial, y particularmente por la aceleración verificada después de la guerra mundial colonial-capitalista entre 1939-1945, llamada Segunda guerra mundial. Es decir, muestras creencias y prejuicios se han convertido en una fuerza geológica mayor por sus efectos bio-químicos energéticos que produce en sus efectos la sexta extinción masiva de especies, de 1.000 a 10.000 veces más acelerada que los cinco precedentes que se desarrollaron en cursos de varias centenas de miles o millones de años[1]. Esto pone en peligro a corto plazo las condiciones de posibilidad de la manifestación de las condiciones de vida básicas al degradar las nueve variables que, según la comunidad científica mundial, están siendo desbordadas de modo alarmante por sus consecuencias irreversibles.

En nuestras sociedades, el sistema capitalista tiene como fundamento para la acumulación de capital el libre mercado y propiedad privada. Por lo que muestran los informes y datos del GIEC[2]-IPBES[3] , este modo es simplemente incompatible con la biodiversidad, a pesar de que esta (la biodiversidad) es fundamental y condición necesaria para la existencia misma del sistema económico dominante actual. Porque la lógica de crecimiento del capital incita directamente la sobreexplotación de “recursos naturales” y a tratos extremadamente violentos con todas las otras especies, sea por una relación utilitaria y/o por la destrucción y reducción de la diversidad necesaria de los espacios para que la vida se desarrolle. En la visión moderna eurocentrada[4] la “naturaleza” es excluida de la visión global y no incorpora la segunda ley de la termodinámica (la entropía). En la versión “eurocéntrica sostenible” sigue sustentando a la “naturaleza” como algo exterior a lo humano, en su misma taxonomía y clasificación en el uso categorial desde el lenguaje. Por esto, los “recursos naturales” aparecen siempre como externos, porque la “naturaleza” es considerada externa y no una red o malla vital. En la versión economicista de lo humano y la sociedad la economía debe servirse de estos recursos raros, escasos o abundantes, aunque en ningún caso infinitos ni inextinguibles. Por esto es por lo que la economía para que pueda contribuir a proteger e interactuar simbióticamente sin ser parasitaria y estando en armonía con la biodiversidad es necesario poner en marcha un nuevo modo y sistema radicalmente diferente. Esto es a lo que aludimos con el concepto de Ecoocreatividad (neologismo que une ecología, cooperativismo y creatividad), cuya primera síntesis la he desarrollado en el libro de reciente publicación (2023) y en artículos diversos[5].

Algunas variables para interactuar y proteger la biodiversidad

Si aceptamos los dos parágrafos precedentes entonces podemos reflexionar acerca de cómo gestionar mejor la biodiversidad en todas sus escalas, teniendo en cuenta el error de circunscribir desafíos sistémicos societales y ecológicos desde la lógica territorial estrecha de los Estados Naciones, configuración propia de un periodo muy diferente para responder a los desafíos actuales. Esto implicará sin dudas riesgos de tendencias autoritarias y generara conflictos de intereses en el corto plazo de la transición ecológica, necesaria para cambiar de modelo de gestión de lo común (como ya es más que evidente en la UE, en la geopolítica mundial y en la COP). Porque estos intereses economicistas son el verdadero obstáculo para todo política y gestión de cambios adecuados a los desafíos actuales asumidos por los acuerdos internacionales e las tres últimas décadas. Aplicar sanciones con mayor rigor y poner en práctica efectivamente las leyes, implica consecuencias que exigirán mayor coherencia en inversiones, incentivos, controles y en la planificación que orientaran e impondrán criterios normativos antagónicos con el “libre mercado” y su reguladora “mano invisible” (que más que invisible, parece ser más bien inexistente, ya que sin la intervención de los Estados las crisis financieras y las pandemias serían más complicadas aun). Los Estados en sus formas actuales y en los acuerdos regionales deberán subvencionar públicamente el cambio, sosteniendo financieramente los modelos agrícolas de impacto débil a la biodiversidad enfrentándose con el enfado despiadado de los lobbies de la agroalimentación, los agronegocios y las farmacéuticas. Los ciudadanos tendrán su cuota de poder politizando cada decisión den la vida cotidiana en referencia a la alimentación y a sus modos de vida en general, así como también cambiando el sistema decisional de lo común y publico a corto, mediano y largo plazo.  Debiendo hacer atención en cuanto ciudadanos a los productos, a los servicios en su uso y al acceso en relación con los compromisos y respetos efectivos con la biodiversidad.

Por lo tanto, es de pensar que crear y reorganizar una nueva economía que proteja restaurando la biodiversidad y se sirva inteligentemente los servicios ecosistémicos con sistemas de producción circulares[6], economías simbióticas[7] y estrategias comerciales funcionales[8] van a ser, además de una dificultad sin precedentes, requerirán mucha innovación y determinación política, algo necesario e imperativo para la transición en esta etapa de interregno entre la hegemonía neoliberal y la etapa postneoliberal. Principalmente porque implican un nuevo imaginario que sostenga estilos de vida personales y de comunidades más frugales, sostenibles en el tiempo. Los cambios entonces podrían ser significativos en la producción incorporando la circularidad como orientación, en la alimentación a partir de la agroecología y en la energía descarbonizándola (su uso y perspectivas temporales). Por esto habrá que disponer de herramientas técnicas, profesionales capacitados y disposiciones económicas para mejorar la empatía y la simbiosis con los ecosistemas para responder a las demandas humanas con una población en crecimiento y una reducción drástica de las condiciones vitales necesarias para la sobrevivencia. El cambio de prácticas productivas requerirá la formación de nuevos actores, que generara también muchos empleos que exigirán su reconocimiento económico y político como primordial.

¿Qué habrá que hacer en términos generales? En sentido general, habrá que experimentar colectivamente de modo cooperativo y creativo las maneras de ir haciendo menos intensivo e ir abandonando el sistema económico actual de extracción, producción, consumo y producción de desechos. Esto modificara sustancial y significativamente el mundo laboral.  Al ocurrir esto, el valor que genera el tiempo laboral como mercancía y su impacto en la economía global en la distribución de la riqueza será modificado en profundidad, alterando estructuralmente las condiciones de acumulación del capital. Por diversas razones, primero porque una nueva economía implicara un movimiento “genético” de envergadura de las clases productivas en sentido moderno y de las categorías sociológicas -económicas tal cual las conceptualizamos hasta ahora.   Segundo porque el concepto mismo de derecho, de justicia y verdad en que se apoyan las concepciones de lo bueno y lo malo en las dimensiones éticas-morales de las normas de convivencia que fundamentan las visiones ideológicas deberán alterarse y recrearse en sus imaginarios. Los incentivos, las penas, las prohibiciones cambiaran de sentido en horizontes en donde la transición ecológica tenga como objetivo adaptarse a las penurias energéticas, alimenticias y sanitarias en medios de catástrofes ambientales y climáticas insospechadas en su virulencia, por efecto de superar los 1, 5° centígrados de temperatura media planetaria. Las leyes deberán endurecerse y aplicarse con mayor énfasis según los acuerdos internacionales. El “ecocidio” deberá ser reconocido como crimen y delito por los códigos de todos los derechos nacionales y promovido a escala global a la altura de los desafíos a mediano y largo plazo, que ya se manifiestan en los problemas efectivos del presente.  Por último, en sentido epistémico, la temporalidad es de prever entonces que dará una coloración a nuevos regímenes de temporalidad. Estos nuevos regímenes (el tiempo de la dehiscencia, en nuestra perspectiva) implicaran sus usos que superaran el mero “presentismo” como tiranía neoliberal de satisfacción inmediata como creación de consumidores dóciles y ciudadanos narcotizados. Esta superación de modos irreflexivos e inconscientes hará pensar el ser del presente en su estar siendo y su potencialidad futura como actuación karmática de lo hecho en el pasado.

En esta época de interregno que prospectivamente creemos que abre el horizonte de la ecoocreatividad como consecuencia, aunque no evidente aun y sin tener el privilegio de lo inevitable, es lo que se viene. La política como condición radical y de an arkhé (o Arché, sin raíz-fundamento, el prefijo an en griego es la privación y el significado de arkhé es raíz-fundamento, que no significa la negación de las instituciones, de gobierno o jerarquías) deberá jugar un rol fundamental recentrando su sentido y misión en las sociedades actuales.  Deberá comprender su necesidad y sostenerla como espacio vacío, que nos sea ni sustantivo ni ontológico porque es lo que debe posibilitar la creación y recreación del sentido establecido por la comunidad, de modo permanente al canalizar los desacuerdos sin que sean necesarias guerras o la exterminación del Otro para que sea posible llevar a cabo un plan de vida propio.

En sentido más particular, para promover la transición ecológica y poder aplicar las doce orientaciones que promueven un cambio transformador que hemos propuesto en otro artículo[9], hay tipos de acciones complementarias y sinérgicas que requerirán democracias e instituciones robustas, con ciudadanos que entren deliberadamente a la edad adulta como proponía, la filosofía de la ilustración, en el célebre libro de Immanuel Kant, ¿Qué es la ilustración? Por lo tanto, otra vez las preguntas que incomodan, ¿Qué hacer?, ¿por dónde empezar? Podría ser, por ejemplo, por proteger firmemente y restaurar directamente los ecosistemas, reduciendo las presiones económicas sobe ellos. Para esto entonces, habrá que reorientar la economía y los sistemas de producción transitando hacia estilos de vida personales y colectivos por los cuales la educación y la cultura tienen un rol principal, porque implican un cambio en el conjunto de sectores en donde la actividad humana interviene. Es decir, en las dimensiones sociales, económicas y políticas. La ecoocreatividad es esa visión política radical-agonal más humana, sistémica e integral con lo Terrestre, que permitiría enmarcar y orientar estas transformaciones experimentales para poder convivir creativa y sostenidamente con la red viviente de la que somos parte integrantes, sin privilegios.

 

[1] según el investigador del CNRSS de Francia, Philippe Grandcolas (2023: 63) Tout comprendre (ou presque) sur la biodiversité, CNRS Editions, Francia.

[2] GIEC (IPCC) https://www.ipcc.ch/report/ar6/wg2/downloads/press/IPCC_AR6_WGII_PressRelease-Spanish.pdf

[3] IPBES  https://www.dropbox.com/sh/cvw6fun1uuo6c0l/AAB5ou6I2cYKXkUUbiiBdy7Ba?dl=0&preview=20220707+Spanish+Media+Release+Sustainable+Use+FINAL.pdf

[4] El eurocentrismo es una perspectiva filosófica que implica una interpretación cultural, histórica y política que coloca a Europa y a las culturas europeas en el centro del mundo. Este enfoque y dispositivo discursivo va considerando históricamente, a modo de prejuicio anclado en su imaginario constitutivo que son superiores y mejores que otras culturas y civilizaciones. Esta perspectiva filosófica presentes desde la conquista española pasando por Kant y por toda la expansión colonial europea desde el siglo XV hasta el presente. Esta visión no se encierra en lo geográfico (Europa) sino que abre el perímetro en su dimensión epistémica y ética. Se caracteriza por dar un énfasis desproporcionado a la historia contada desde los logros y los valores europeos, mientras que minimiza, ignora o desvaloriza las contribuciones y perspectivas de otras culturas y sociedades no europeas. El eurocentrismo ha sido criticado por su sesgo y su tendencia a perpetuar desigualdades y estereotipos culturales. Ver mi libro Critica a la modernidad eurocéntrica, EAE, 2012, donde me explayo con más espacio.

[5] (2023) Ecoocreatividad. Utopías concretas para tiempos inciertos, EDUVIM, Argentina. Ver el articulo BUSSO, H. y MONTES Montoya, A. (2022) “De l’utopie a l’écoocraétivité, (págs. 87-102), En Montes Montoya, A. (Compil.) Utopies et dystopies dans l’imaginaire politique, L’Harmattan, Francia; (2021) “Condiciones de posibilidad de la filosofía de la liberación para aportar al surgimiento de un imaginario postneoliberal”, In Revista Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 26, núm. 93, pp. 12-33, Universidad del Zulia, disponible en: https://www.redalyc.org/journal/279/27966751005/movil/

[6] AUREZ, Vincent y Georgeault, Vincent (2016). Économie de la circularité. Système économique et finitude de ressources. Deboeck. Francia.

[7] DELANNOY, Isabelle (2021). L’économie symbiotique. Régénérer la planète, l’économie et la société. Babel. Francia.

[8] La economía de la funcionalidad privilegia el uso a la propiedad, por esto venden el acceso al servicio, no la propiedad de un bien. Es un enfoque económico que se basa en modelos de negocios para proporcionar servicios y resultados, en lugar de vender productos. Por esto es que debe ir promoviendo la eficiencia en el uso de recursos, mostrando relaciones de conveniencia mutua a largo plazo con los clientes.

[9]  Revista Idelcoop, No 238, Ecología, cooperativismo y creatividad. Doce propuestas para orientar las políticas cooperativas de transición ecológica ISSN Electrónico 2451-5418 P. 79-106 / Sección: Dossier https://www.idelcoop.org.ar/sites/www.idelcoop.org.ar/files/revista/articulos/pdf/dossier_4.pdf