Por Nicolás Forlani. Lic. Ciencia Política; Dr. En Estudios Sociales de América Latina; Integrante del Centro de Formación y Pensamiento Génera.

El gobierno nacional el pasado viernes, en vísperas de un nuevo vencimiento con el FMI, anunció un preacuerdo con el organismo de crédito internacional. Del “quitarse la espada de Damocles” del presidente, a la renuncia a la jefatura del bloque del FDT en la cámara de diputados del máximo referente de la Cámpora, una pléyade de interpretaciones suscitó la negociación alcanzada entre dirigentes y militantes de la coalición gobernante.

Este cronista, minutos posteriores a la conferencia de prensa del jefe de gabinete y el ministro de economía compartió:

1) ¿Era posible alcanzar un buen acuerdo? No, por la propia naturaleza del organismo ningún acuerdo hubiera sido estrictamente positivo para la Argentina (algo presagiado desde el momento mismo en el que Macri anunció el megaendeudamiento).

2) El presidente en reiteradas oportunidades manifestó (sic) “antes que un mal acuerdo es preferible no arreglar con el FMI”, ¿este acuerdo es menos malo que el default?: la respuesta no está en el anuncio del día de hoy sino en el proyecto que se remitirá al congreso. Si este último se acompaña con la presentación de una reforma que haga progresivo el sistema tributario argentino entonces se impartirá algo de justicia frente a una deuda de la que nuestro pueblo no fue beneficiado. Los recursos para pagar la deuda que salgan de quienes la fugaron.

A una semana, pero sin posibilidad de escribir con “el diario del lunes” habida cuenta de una relación con el FMI que tendrá un largo derrotero, amerita incorporar nuevas reflexiones para anticiparse a lo que pueda venir:

  • De confirmarse el preacuerdo (requiere de la aprobación en el parlamento argentino y el consenso de los integrantes del FMI), argentina logra postergar el default. Objetivamente, dado los niveles de superávit comercial de nuestro país y los vencimientos de deuda que deberemos enfrentar durante el próximo mandato presidencial (tanto con los organismos de crédito internacional como con los acreedores privados) es improbable que durante la próxima gestión no se deba encarar una reestructuración de la deuda externa.
  • El tiempo da margen, aunque abismalmente finito, para que el gobierno pueda ganar en musculatura para derrotar electoralmente a la oposición en el 2023 y enfrentar el escenario venidero con mayor fortaleza. La tarea es inminentemente política y precisamente aquí radican las oportunidades y límites para la actual coalición de gobierno: El FDT debe trazar la mecha que divide los intereses populares del bloque de poder que co-gobierna la Argentina. La tarea exige operar en el plano material y simbólico. Avanzar en medidas efectivas de distribución de la riqueza y disputar con audacia los relatos que se dirimen la interpretación de la realidad.

A las consideraciones vertidas en este mismo portal (ver: “Panorama político: salir jugando del Fondo”), agregamos que el tratamiento que el oficialismo en el congreso de la nación dé con relación al acuerdo con el FMI traslucirá, sino definitoriamente, al menos sí de manera superlativa, la voluntad política del FTD.  Si el gobierno impulsa una reforma tributaria que reincorpore (de manera permanente) el impuesto a las grandes fortunas, incremente el impuesto a la herencia y aumente la alícuota de las retenciones a las exportaciones (además de mayores y mejores controles ante la evasión y la elusión fiscal) -bajo la retórica de que la deuda externa la deben pagar los actores de mayor poder económico-; entonces habrá posibilidad de recuperar la capacidad política electoral de 2019. Caso contrario, será poco más de un año de gestión que allanará el retorno de la vieja derecha a la conducción de gobierno.

 PD: Dada la composición del congreso (mayoría opositora en diputados) y de la relativa disposición de la dirigencia política oficialista de avanzar decididamente en las reformas señaladas, será la movilización popular la pieza clave para lograr alterar el  orden injusto y desigual existente en Argentina.