Cuando analizamos los acontecimientos que nos atraviesan como sociedad, que nos afectan, nos condicionan el presente y perjudican el futuro, entendemos que como sociedad vamos a tener una reacción que actúe como correctivo y en defensa de nuestros propios intereses. Sin embargo, muchas veces eso no sucede.

Quizá esta falta de reacción se deba a una confusión generada por sentimientos encontrados, información que confunde o simplemente porque muchas veces alentamos la idea de la ignorancia voluntaria, como mecanismo de escape o justificación. Es el único argumento que explica algunas cuestiones que son de difícil comprensión.

Estamos atravesando momentos plena dificultad en muchos aspectos de nuestra realidad y que nos afectan en diferentes escenarios. Estamos complicados por una pandemia mundial, que nos obligo a tener que cuidarnos de una manera diferente, poco usual y desconocida para todos. Una pandemia que hizo trizas todos los proyectos y las costumbres, los hábitos y las conductas.

Tuvimos que aprender a convivir con un nuevo escenario mundial. Con temor a la muerte, al contagio, al dolor de una enfermedad desconocida. A pelear sin armas contra lo desconocido, y cuando decimos armas, nos referimos a las que nos brinda un sistema que nos cuida y nos protege. Y así vimos como se fueron amigos, familiares, conocidos. El virus nos atravesó a todos y nos atemorizó. Nadie es igual después de esta pandemia.

Parece que pasó hace mucho, pero los estragos que el Covid19 provocó en todos los estamentos de la sociedad van a perdurar por mucho tiempo. Sanitariamente podemos tener esperanza los que sobrevivimos, debemos sentirnos privilegiados por transitar este tiempo con vida. Pero esas secuelas demandarán mucho tiempo para sanar desde lo emocional.

Ahora bien, mientras atravesamos esta situación de pandemia, encontramos que muchos personajes de la política y de la comunicación, en especial en los principales centros urbanos del país, jugaron un rol que abono la teoría de la confusión, la mala información y la irresponsabilidad comunicacional e institucional.

Muchas de las inconductas e irresponsabilidades promovidas y alentadas para confundir, atemorizar o desmoralizar a los ciudadanos, generaron un clima de incertidumbre y desaliento en la sociedad. Ya no se trata de una grieta ideológica, o de identificación política de algunos. Se trato de conductas y mensajes que fueron temerarios y riesgosos.

Ya con un poco de más claridad en el panorama social, con un principio de esperanza en que la amenaza pandémica está bajo control, podemos hacer un ejercicio de reflexión y análisis con mayores argumentos. Y con esa información procesada, observamos que aun cuando hubo quienes alentaron la estupidez sanitaria y argumentaron riesgosamente conceptos imbéciles, muchos ciudadanos no terminan de comprender el desastre que pudimos afrontar. Mucho más grave aún que la realidad que debemos sobrellevar.

Después de tanto desatino puesto de manifiesto por periodistas y dirigentes políticos, observamos con sorpresa que la sociedad no ha condenado las barbaridades que expresaron o esgrimieron como argumentos. Abundan los ejemplos de despropósitos expresados en los medios de comunicación. Solo con repasarlos en las redes sociales, podemos comprobar la veracidad de nuestros dichos.
Tanto en el oficialismo como en todas las expresiones de la oposición, encontramos situaciones aberrantes que pusieron en riesgo nuestras vidas y nuestra salud, cuanto menos. Tanto en el escenario local, en el provincial y en el nacional. Pero lo que nos llama la atención, es que no tenemos una conducta sancionatoria a esa realidad.

Y cuando nos referimos a este concepto, claramente señalamos que la sociedad sigue consumiendo los mismos medios de comunicación, creyéndoles a los mismos periodistas y votando a los mismos partidos políticos.

Esta claro que las elecciones PASO mostraron una foto de la realidad y el descontento social. Pero esa expresión de enojo en las urnas, no se condice con los picos de rating de los medios que se siguen consumiendo. Medios y periodistas. Está claro que la comunicación está en crisis, y que los comunicadores abandonaron hace tiempo la responsabilidad de hacer periodismo responsable.

A eso nos referimos cuando nos preguntamos si esa sanción social es un proceso en ebullición y que como sucede en otros ámbitos, próximamente pondrá en tela de juicio la forma, los métodos y los procedimientos con los que se comunica la realidad. Intuimos que es una necesidad impostergable la de exigir un cambio a esos hábitos que avergüenzan a quienes abrazamos la idea de hacer periodismo con absoluto respeto por la profesión.