En un contexto en el que la economía argentina comienza a mostrar signos concretos de estabilidad, el sector lechero enfrenta la oportunidad de reorientar su estrategia de análisis hacia aspectos fundamentales de la producción que han quedado postergados en etapas anteriores, dominadas por la volatilidad cambiaria.
Históricamente, la preocupación predominante en los tambos argentinos estuvo asociada a la incertidumbre generada por la constante fluctuación del tipo de cambio e inflación, factor que condicionó decisiones e inversiones. Hoy, con un escenario de mayor previsibilidad económica, es crucial retomar el análisis profundo y meticuloso de la estructura de costos como eje central para garantizar la sustentabilidad y competitividad del negocio lechero.
Esta nueva etapa exige que productores e industriales reconozcan la importancia estratégica de identificar y controlar eficientemente cada componente del costo productivo, desde la alimentación hasta la implementación de tecnologías y sistemas de monitoreo, con el objetivo de optimizar la rentabilidad y preparar a los tambos argentinos para los desafíos futuros del mercado local e internacional que demandará leche.
En un escenario con un dólar tranquilo e inflación reducida hay consenso en que el precio de la leche al productor encontró su nuevo nivel…lo que hace años eran 0,30 US$/lt el actual y futuro ubica este valor promedio en 0,40 US$/lt. En el cuadro “Proyección de indicadores” podemos observar una estimación de su evolución en los próximos años (2025 al 2030):
En este contexto los negocios no serán definidos por aciertos financieros, como un contrato de compras de insumo pre-devaluación, sino por la eficiencia técnica de los procesos.
Con respecto a los costos de alimentación debemos señalar que una eventual eliminación total de los derechos de exportación generaría una variación en los términos de intercambio entre la leche y el maíz, llevando esta relación desde su nivel actual, más favorable para los productores tamberos, hacia valores cercanos al promedio histórico, en torno a los 2 kg de maíz por litro de leche (ver gráfico “Frecuencia de la relación maíz y leche”). Aunque esto representaría una reducción en la capacidad de compra actual, no implicaría necesariamente un deterioro crítico ni inédito, ya que históricamente el sector lechero argentino logró incrementos sostenidos en la producción bajo condiciones similares.
Esta normalización en los términos de intercambio obligaría al productor a reenfocar sus esfuerzos hacia una mayor eficiencia productiva y un mejor manejo de costos, pero sin constituir una situación extraordinaria en términos históricos, dado que durante largos períodos los tambos han operado exitosamente en escenarios equivalentes.
También el productor argentino dispondrá inéditamente de la herramienta financiera para incorporar tecnología en sus procesos productivos que ayudará sensiblemente a ganar eficiencia y reducir costos. Entre la tecnología contamos como collares de monitoreo, puertas apartadoras, techos, galpones, automatización, robótica, etc. “Los bancos vuelven a trabajar de bancos”.
Fuente: TodoAgro.com