Por Pablo Gustavo Díaz. Consultor político
Lejos de la confusión reinante en el primer semestre del año, hoy pareciera ir despejándose el horizonte político en argentina. La política es el arte de lo posible, al menos desde los tiempos en que Aristóteles acuño esa frase. Las cosas son como son y a la mejor manera darwiniana el verdadero dirigente político se irá adaptando a ellas para sobrevivir en el medio.
Aun así, hay y habrá en ese medio políticos -y analistas y comunicadores- que creen que la política no es eso sino la lucha por lo imposible. Esos son los que sufren con tristeza este momento de transición entre el pasado y el futuro. Y a ellos les cabe perfectamente ese maravilloso verso de Machado, “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.
Cómo consultor político tengo la obligación de estudiar la realidad para descubrir su verdad: arribar al diagnóstico. Y a partir de él, ayudar a mis clientes a construir la estrategia que mejor los ayude a convivir con esa realidad, aprovechando sus oportunidades para obtener el mejor provecho de ella.
Sin buen diagnóstico no se concibe buena estrategia ni se alcanza el éxito objetivo. Durante el semestre anterior vine mostrando en estas páginas datos de esa realidad que descubrían los estudios realizados por la consultora Mercados & Estrategia, donde la alta polarización afectiva, la rotunda baja de la inflación y el hartazgo social hacia todo lo viejo (y rancio), marcaban el afianzamiento de la figura de Javier Milei. Y en cuya defensa de sus medidas se justificaba la gestación del mileísmo.
Así como Cristina Fernández, viuda de Kirchner, fue el faro que alumbró la política durante el decenio 2010-2020; hoy ese faro es Javier Milei. Mucho hizo la política vieja y rancia para apagar la luz del libertario. Pero el chabón no deja de brillar. Sigue dominando la conversación pública y liderando las encuestas de imagen e intención de voto. Aún incluso dentro de la provincia de Buenos Aires donde M&E acaba de hacer su último estudio de mercado.
Si eso fuera poco, los acontecimientos protagonizados en estos días por el expresidente Alberto Fernández no hace más que robustecer esa fuente lumínica. El cambio rotundo de opinión y posicionamiento de muchos gobernadores que hasta ayer se mostraban rebeldes y contestatarios con el presidente de la nación tiene que ver con la aceptación de esta verdad, que no tiene remedio más que adaptarse para sobrevivir. Al menos, por los próximos tres años y medio.