Por Guillermo Ricca. Dr. en Filosofía
En los lejanos setentas, Jhon Lennon y Yoko Ono iniciaron una campaña por la paz en el mundo que terminó en la famosa semana en la cama, en un hotel de Montreal. El lema de esa campaña fue The Dream is Over (Give Peace a Chance) (El sueño terminó. Demos una oportunidad a la paz). Lennon y Ono sabían cómo llamar la atención. Esos sí eran influencers. No deja de ser sintomático que por la misma época se acabara el impulso del mayo francés, las luchas por la democracia obrera fueran derrotadas en todo el mundo—en Europa con management y persecución política, acá con un genocidio—y que la comisión trilateral recomendara en su informe sobre las sociedades occidentales “limitar la democracia”. De esa matriz es hija nuestra “democracia” que, sólo con una inocencia bobalicona puede ser dicha como tal.
Vivimos en el imperio del cinismo. Marx creía que los capitalistas de su tiempo hacían lo que hacían porque no sabían lo que implicaba. Es decir: no sabían que su acumulación era el resultado directo de la explotación de la fuerza de trabajo. El cinismo de nuestra época es diferente: lo saben y, aun así, lo hacen ¿Qué democracia tenemos en un país donde está bajo borradura el derecho a comer, a alquilar una vivienda o a vestirse? ¿Qué democracia puede haber en un país donde un gobierno endeuda a generaciones por decreto con el único fin de fugarla toda? ¿Qué democracia tenemos en un país donde la suprema corte es designada también por decreto y su presidente se permite emitir fallos sobre los clientes que tuvo en su estudio, hace cinco años? ¿Qué democracia hay en un país donde cinco de cada diez niños son pobres? ¿Qué democracia efectiva, verdadera hay en un país que tiene un diputado del Parla sur prófugo de la justicia (Pepin Rodríguez Simón) y tiene una militante social presa política (Milagro Sala)? Dicho sea de paso, presa política que padece el hostigamiento criminal del gobierno del radical Gerardo Morales que no reconoce los dictámenes de la Corte Interamericana de DD HH ¿Qué democracia hay en un país que no tiene soberanía aduanera y mira como evaden impuestos importadores y exportadores? Probá a tener una deuda de patente o de impuestos provinciales a ver cómo te va, queride vecine. ¿Se le puede llamar democracia a ese régimen?
Democracia no hay más en el mundo desde fines del siglo pasado. Habría que decir que la derrota del movimiento obrero mundial y de los movimientos sociales que giraban en su órbita es idéntica a la derrota de la democracia: si la democracia no es democracia social, sencillamente, no es ¿Qué tenemos en su lugar? Un régimen que aquí, la filósofa Silvia Schwarböck denomina “posdictadura”. Vivir en un régimen de posdictadura no es lo mismo que vivir en una democracia. En un régimen de posdictadura gobiernan de hecho los ganadores de la dictadura: capitales financieros y sectores agro exportadores. Gobiernan de hecho más allá de quien gobierna por derecho. Podría decirse que gobiernan por derecha frente a los gobiernos legítimos por derecho.
Hace unos años, siguiendo el consejo de una presidente, armaron un partido político y ganaron las elecciones para gobernar por derecha y por derecho. Por supuesto, en la posdictadura, que es el régimen de los vencedores de la dictadura, de sus corporaciones victoriosas, hay garantías constitucionales. Sólo que no funcionan de manera plena, las veinticuatro horas, ni en toda la superficie del territorio nacional. Esas garantías no funcionaron para Santiago Maldonado, tampoco para Milagro Sala.
En el imperio del cinismo alguien puede proponer “democráticamente” la legitimidad de la venta de órganos, el uso de una motosierra para desguace de derechos (los que quedan) a la manera del cine de horror o, incluso, la posible venta de hijes. Hay que ser más idiota que Forrest Gump para creer que eso es la democracia.