La virtualidad permitió, a lo largo del año 2020 y lo que va del 2021, poder enfrentar los compromisos laborales de la mejor forma posible en estado de pandemia. Algunos rubros pudieron adaptarse rápidamente.
Otros, por su naturaleza presencial, difícilmente puedan hacerlo. Pero no podemos negar que este fenómeno acercó a muchas personas al mundo tecnológico, ya sea por decisión propia o por fuerza mayor.
Este crecimiento del mundo virtual aceleró la transformación digital de PyMEs, grandes empresas, ONGs y entidades públicas y privadas de diferentes sectores. Vimos proliferar los sistemas de entrega a domicilio a través de app, pudiendo comprar casi cualquier producto desde nuestro hogar; y también la posibilidad de realizar pagos de servicios sin salir de casa, mientras que hace poco más de un año hacíamos colas interminables en los bancos y entidades de pago. Hasta acá, son todas ventajas. Pero como toda herramienta poderosa para el desarrollo de las sociedades, también tiene su lado B, y es el problema de las estafas.
Hemos escuchado hablar mucho últimamente en los medios masivos de comunicación sobre este tema, y corresponde a que durante el 2020 y 2021, uno de los delitos que más ha crecido es el fraude a través de medios informáticos, según un informe presentado por la Asociación Argentina de Lucha Contra el Cibercrimen (AALCC).
Entre los fraudes más comunes podemos encontrar las Compras de productos en portales no validados o redes sociales. En este caso, lo que suele suceder es que el usuario se encuentra con una “super oferta” imposible de rechazar, accede a la misma, realiza el pago por medio de transferencia bancaria, tarjeta de débito o tarjeta de crédito y nunca recibe el producto o contraprestación; y al momento de hacer algún reclamo, dicho perfil bloquea al usuario o directamente es eliminado de la plataforma. Este tipo de estafa es propia de redes sociales como facebook e instagram y acarrea otras cuestiones adicionales, como por ejemplo en el caso que se abone con tarjeta, ya que la misma puede ser utilizada para realizar compras de forma ilegítima.
El Phishing es otro de los fraudes más utilizados por los delincuentes cibernéticos. Consiste en engañar a la víctima para que entregue (sin saberlo) los datos de su tarjeta de crédito -con su respectivo código de seguridad- y así el criminal pueda realizar diferentes compras o extraer dinero. La característica de este modus operandi, radica en el envío masivo de mensajes por SMS, Whatsapp o correo electrónico, simulando ser una notificación de algún ente público o financiero (como AFIP, ANSES, Bancor, etc.) que al acceder al link, lleva al usuario a una pantalla con la misma identidad gráfica del portal oficial de dicha entidad, para persuadirlo de completar los datos que se solicitan a los efectos de una supuesta validación.
Casi de la misma forma funciona el Robo de información a través de llamadas telefónicas, sólo que, en este caso, es una persona real quien realiza el trabajo de persuasión, iniciando la llamada y simulando ser un representante de la entidad oficial. Esta es una situación que se repite cada vez más en nuestra región y que tiene como víctimas, sobre todo, a personas adultas mayores.
El fin último de la mayoría de los delitos digitales, es lograr el Fraude bancario. Ya sea a través de las redes sociales, notificaciones por mensajería, email o llamada telefónica, lo que pretenden los delincuentes es hacerse del usuario y contraseña de la cuenta bancaria, que le permitirá realizar la pesificación de moneda extranjera, observar las cuentas y hasta sacar créditos personales al instante y con un solo clic de varios cientos de miles de pesos. Pero aún así no podrán extraer ni transferir el dinero, por lo que inmediatamente ponen en acción el segundo paso de este fraude: contactarse con la víctima y guiarla hasta obtener el token o coordenadas para confirmar alguna validación, que en realidad, es la transferencia (o múltiples transferencias) que configura el fraude.
Algunas recomendaciones para evitar ser estafados por cibercriminales son: Evitar brindar datos a terceros sobre cuentas bancarias; Leer con cuidado cada correo electrónico recibido, verificando que los sitios remitentes sean legítimos; No acceder a links sospechosos enviados por terceros vía email, WhatsApp u otras formas de contacto; No brindar datos en forma telefónica, aunque quién se comunique tenga información personal, logo del banco y/o manifieste ser empleado; Todas las acciones bancarias que se realicen, deben hacerse ingresando uno mismo al portal del banco, tipeando en el buscador directamente; No brindar datos del token o tarjeta de coordenadas a terceros ni compartirlas; y activar la autenticidad de dos factores en cuentas de redes sociales y WhatsApp o las plataformas digitales que se utilicen.