Por Laura Olocco. Comunicadora Social
En septiembre el INDEC informó que la pobreza superó el 40% en el primer semestre de 2023 y ya afecta a más de 19 millones de personas, lo que marcó un incremento de 3,6 puntos porcentuales frente al 36,5% del mismo período del año pasado. En tanto, el índice de indigencia se aceleró al 9,3% entre enero y junio de 2023 y afecta a 4,3 millones de personas.
En nuestro país hay 1.600.000 mujeres a cargo de hogares con niños y niñas y sin presencia de cónyuge, esto representa al 11,7% del total de hogares. En estos hogares viven más de 3.000.000 niños y niñas. A su vez, según datos de un informe sobre incumplimiento de la cuota alimentaria elaborado por el Centro de Acceso a la Justicia (CAJ) del Ministerio de Justicia de la Nación, “el 92% de los hogares monoparentales a cargo de mujeres están bajo la línea de pobreza e indigencia”. En detalle, el 68,30% son pobres, el 23,6% son indigentes, y el 8,1% tienen ingresos medios y altos.
Estas mujeres trabajan cerca de 30 puntos más que los varones, ganan un 25% menos y sufren mayor informalidad laboral. Se suma que el 60% de los hogares monomarentales destina más de la mitad o casi todos sus ingresos al pago de deudas o atrasos mientras que el 70% usa ese crédito para comprar comida o medicamentos, según un informe de la CEPAL.
Por otra parte, en los últimos doce meses la canasta básica de alimentos -que sirve de piso para determinar los niveles de indigencia- acumuló una suba de 146,4%, mientras que la canasta básica total -que determina la pobreza- sufrió un alza del 137,7%.
La situación más alarmante se registra entre la población más joven. Según los últimos datos del Indec, entre los menores de 17 años el 57% es pobre y la peor cifra se registra entre los adolescentes (entre 12 y 17 años) el índice trepa al 59 por ciento, mientras que la indigencia llega al 16 por ciento.

Foto Gentileza: LATFEM
En un contexto económico adverso, con una inflación que atenta contra el poder adquisitivo y que afecta mayormente a los sectores más vulnerables de la población, en particular a los hogares monoparentales, con mujeres siendo jefas de hogar, los indicadores actuales de pobreza monetaria y no monetaria son no sólo preocupantes sino alarmantes, profundizando cada día más la brecha social y económica que existe entre las familias que pueden acceder a la canasta familiar y las que no; y con ello la vulneración de derechos primordiales, como la alimentación y la educación, de las infancias.
Los efectos de la pobreza: una de cada cuatro familias tuvo que dejar de comprar ciertos alimentos, el 48 % de los menores de seis años modificó su forma de comer y el 10% de la población infantil asiste a comedores como estrategia de supervivencia alimentaria. La inflación no hace más que empeorar el panorama: frente a la suba de precios, los pobres son cada vez más pobres y cada vez más, se endeudan para comer. Son estas familias las que destinan una mayor proporción de sus ingresos a comprar alimentos.
El próximo gobierno tiene un gran desafío, y es la reducción de esta brecha, ¿tomarán de una buena vez decisiones que impacten favorablemente a los sectores más vulnerables?.
No queremos más infancias pobres, necesitamos igualdad de condiciones, políticas de estado que tengan como eje el cuidado integral de las infancias y los hogares llevados adelante por mujeres, todos los niños tienen derecho a acceder a una alimentación variada, a educación de calidad, y a los servicios básicos.