Por Pablo Díaz, Consultor en Marketing Político.

Niños dispuestos en ronda de manera que cada uno pueda ver al resto juegan a tocar diferentes instrumentos musicales imaginarios, imitando sus movimientos (trompeta, guitarra, tambor, etc). Uno de ellos canta: “Antón, Antón, Antón Pirulero, cada cual, cada cual atiende su juego y el que no, el que no, una prenda tendrá” hasta que en un momento deja de cantar y empieza a imitar el toque de instrumento de alguno de los demás jugadores. Ahí el niño elegido por el cantor debe dejar de imitar el toque de su instrumento y ponerse a cantar la canción. Si no lo hace porque no estaba atento al juego, pierde y debe pagar la prenda.

Sirva esta introducción para graficar lo que sucede en la dirigencia argentina actual donde los líderes se muestran muy ocupados en tocar sus propios instrumentos esperando el error de los demás para ganar el partido. ‘Yo la juego de responsable’, dice el presidente alzando el acuerdo con el FMI, que podría haber alcanzado al menos un año antes si no hubiese antepuesto los intereses electorales. ‘Yo la juego de opositor’, dice el hijo de la vicepresidenta renunciando a su responsabilidad de escudero del gobierno en el congreso, negándose a defender el acuerdo alcanzado por su propio presidente.

‘El opositor soy yo y me pongo en rebeldía cívica’, dice la presidenta del principal partido de la oposición, negándose apoyar la refinanciación de una deuda impagable contraída irresponsablemente por su propio gobierno antes de dejar la presidencia. ‘La deuda es ilegítima y no debe pagarse’, dice el líder sindical que pide 60% de aumento salarial para ganarle a la inflación que crece día a día porque el gobierno mantiene al tope de las revoluciones la máquina de imprimir billetes.

Desde afuera de la ronda la ciudadanía mira desmoralizada como los adultos ‘serios’ se enfrascan irresponsablemente en un juego sinsentido, hasta que alguien rompe la inercia y grita: ‘Basta de esta boludes che! Yo me voy al sorteo del sueldo de Milei que mañana me vence el alquiler y no tengo un mango para pagarlo’.