Por Stefanía Leivas. Comunicadora social.

Del 1 al 7 de agosto se celebra en todo el mundo la Semana Mundial de la Lactancia Materna.

Del 1 al 7 de agosto se celebra en todo el mundo la Semana Mundial de la Lactancia Materna.

Desde la salud pública cada vez más se promueve la alimentación de recién nacidos y niños pequeños con lactancia materna (exclusiva hasta los seis meses), ya que se ha comprobado científicamente los innumerables beneficios que tiene tanto para el lactante como para la madre.

Sin embargo, como tantos otros puntos relacionados al simple hecho de ser mujer, la lactancia se nos cuestiona. Cómo damos de mamar, cuánto tiempo decidimos hacerlo o si alimentamos a nuestros hijos en lugares públicos a la vista de jueces que lanzan sus agudas afirmaciones acerca de si es o no es correcto.

También se nos pone en el banquillo si la decisión es no poner el cuerpo para alimentar a nuestras crías. Se nos acusa de no tener el, aún vigente y machista, “instinto maternal” porque ofrecemos una fórmula en una mamadera. Y la verdad es que se nos hace bastante complicado dejar a todos conformes. Si no podemos o no queremos no está contemplado en el juicio.

Maternar, parir, amamantar, criar y el cómo hacemos todo eso, debe ser una DECISIÓN UNICAMENTE NUESTRA. Nada que hagamos desde el amor, respetando al otro y -por sobre todo- a nosotras mismas, debe incomodarnos o hacer que pongamos en duda nuestras elecciones.

Venimos con una historia en la que no se nos permite optar por nuestro deseo, en la que se nos despoja de la soberanía sobre nuestro cuerpo, venimos de un pasado donde hablábamos bajo y con la mirada al piso. Aún nos falta mucho por recorrer y mucho por conquistar. Nos faltan lactarios en las universidades y en el trabajo. Nos faltan médicos empáticos y partos y lactancias respetadas. Nos faltan pediatras que acompañen sin presionar o juzgar por una u otra elección de alimentación. Nos sobran miradas críticas sin argumentos.

Amamantar es un acto de rebeldía cuando decidimos hacerlo motivadas por nuestro deseo.

No amamantar es un acto de rebeldía cuando decidimos hacerlo motivadas por nuestro deseo.

Celebro a las que amamantan. Pero sobre todo, celebro a las que aman (no importa cómo).