Por Pablo Gustavo Díaz. Consultor en Marketing Político
La amplia oferta electoral de la elección presidencial de 2003 fue una de las consecuencias de la fragmentación de los tradicionales partidos que habían dominado la política en el siglo anterior. Menem, Kirchner y Rodríguez Saá representaron la implosión peronista; López Murphy, Carrió y Moreau la radical.
La dificultad para gobernar y ganar elecciones en ese contexto motivó una serie de experimentos frentistas que se consolidaron en las dos coaliciones post 2015: Juntos por el Cambio (ex Cambiemos) y Frente de Todos.
Los cambiemitas llegaron al gobierno producto del agotamiento social del modelo prebendario y paternalista impuesto por Cristina Fernández, agravado por una recesión y crisis económica en ciernes. Las demandas del electorado a la coalición ganadora fueron justamente terminar con ese modelo asistencialista-clientelar; contener la creciente inflación (que iba a ser lo más fácil, según Macri) y reactivar la economía.
Nada de eso lograron los cambiemitas que mantuvieron el modelo prebendario y paternalista, otorgando incluso mayor poder a los movimientos sociales. Modelo al que además institucionalizaron con leyes como la 27.453 de Regularización Dominial de Barrios Populares (tomas); y empiojaron aún más la economía, duplicando los índices inflacionarios y la deuda externa.
Lo que motivó una vuelta al gobierno “desendeudador” anterior, que prometía “volver mejores” para “llenarle la heladera” y la “parrilla con asado” a la gente. Nada de eso están consiguiendo.
Acostumbrados a la mansedumbre bobina de tiempos aquellos en que el electorado dejaba hacer lo que quisiera a la clase política, el gobierno y la principal oposición nos dejan grandes muestras de ostentación de su ombliguismo y privilegios “de casta” que, en medio de tanto malhumor social por la crisis económica irresuelta y la falta de un horizonte esperanzador, no hace más que exacerbar los ánimos. Y así, como el gas que se expande presionando las paredes en busca de salida, ofertas electorales por derecha, como la libertaria de Milei, o por izquierda, como la radicalizada Cámpora, se presentan como válvulas de escape a la presión social.
El bicoalicionismo post 2015 está en crisis.
El 2023 se muestra más parecido al fragmentado 2003.