Por Sandra Choroszczucha   Politóloga y Profesora (UBA) www.sandrach.com.ar

Cuando recordamos la crisis de diciembre de 2001, al menos tres cuestiones se nos vienen a la mente: la crisis económico-financiera sufrida por una multitud de argentinos, la crisis política que se coronó en marchas, protestas y cacerolas estallando en todo el país que resultó en la salida anticipada de un presidente, y la crisis de la Unión Cívica Radical (UCR), el partido centenario nacido en 1891, que gobernó también desde diciembre de 1999 a diciembre de 2001, a partir de una fórmula compartida con el Frente País Solidario (FREPASO), y que falló en el intento.

Cuando asumió en diciembre de 1999 Fernando De la Rúa de la UCR en una fórmula con Carlos “Chacho” Álvarez del FREPASO conformando la Alianza para el Trabajo, la Justicia y la Educación, repitió incansablemente durante su campaña que lo llevó a la presidencia “el 1 a 1 no se toca” y esto sin duda es lo que los votantes argentinos querían escuchar, ya que una devaluación en el marco de una sociedad altamente endeudada resultaría en penurias para una enorme cantidad de argentinos. El 1 a 1 no significó otra cosa que lo que resultó del Plan de Convertibilidad implementado durante el gobierno peronista Carlos Saúl Menem, en abril de 1991, que estableció por ley una relación cambiaria fija entre la moneda local y la estadounidense, a razón de 10.000 australes por cada 1 dólar, y posteriormente 1 peso convertible a 1 dólar. Este plan junto a las medidas de tinte ortodoxo recomendadas por el Consenso de Washington (diez medidas centradas en la desregulación de la economía y la privatización de empresas públicas) de reducir el gasto público, sin duda ayudaron a equilibrar las cuentas macroeconómicas, centralmente a frenar la espiral inflacionaria que nos había sumergido en dos crisis hiperinflacionarias. Aquello que pareció ignorarse, es que, en un contexto de desregulación del comercio, la prolongación por casi 10 años de un plan de apreciación monetaria condenó a que Argentina no pueda competir con el resto de las economías del mundo, y así, la desindustrialización y el desempleo en Argentina aumentaron significativamente, y con esto la pobreza comenzó a asomar como un problema de dimensiones preocupantes.

Luego de 10 años ininterrumpidos de peronismo neoliberal, en 1999 asumió el gobierno del radical Fernando De la Rúa. La euforia de los argentinos por un cambio de aire se hizo escuchar en las urnas y el nuevo presidente logró atraer 48,37% de los votos. Muchos argentinos se encontraban padeciendo la crisis de “ser el país más caro del mundo” y muchos otros parecían no querer tolerar más la alta corrupción que se fue develando durante el gobierno menemista. En relación a condenar a la maldita corrupción, un episodio manchó también al gobierno de De la Rúa, a partir de presuntas “coimas” en el Senado de la Nación denunciadas por el vicepresidente que renunció en octubre de 2000. Respecto a la crisis socio-económica, en un país no competitivo, la industria y el empleo siguieron resintiéndose, y el 1 a 1 se tocó, porque no hay convertibilidad que dure más de 10 años; y con la devaluación vino la incautación de depósitos en los bancos de millones de ahorristas que desesperadamente acudían a las entidades bancarias sin poder retirar su dinero (el corralito que nos tumbó).

Las jornadas masivas cargadas de violencia del 20 y 21 de diciembre de 2001, culminaron con un saldo de 39 muertos y un presidente que se retiró de sus funciones huyendo en un helicóptero, y ese presidente era radical. Así, el radicalismo quedó tan abatido como la sociedad misma, que se encontraba en el limbo, con una crisis de gobernabilidad económica y política pocas veces vista en democracia. Se sucedieron cinco presidentes en el correr de escasos días, y finalmente en 2003 los argentinos volvieron a las urnas, y luego de un ballotage que no pudo ser entre dos peronistas, Néstor Kirchner asumió la presidencia dejando fuera del juego al promotor de la Convertibilidad. A partir de ese momento transitamos 12 años de gobierno kirchnerista (los primeros 4 con Néstor presidente, los últimos 8 con Cristina presidenta). El peronismo nuevamente ha podido capitalizar el azar de las condiciones internacionales, y desde 2003 las condiciones de intercambio resultaron ventajosas para Argentina, con precios exorbitantes de los commodities, lo cual resultó en un ingreso masivo de recursos a las arcas del Estado. El gobierno de Néstor Kirchner así logró estabilizar y hacer crecer la economía argentina, mientras tejió una alta trama de corrupción que aún sigue investigándose/sobreseyéndose sin los juicios correspondientes. El último de los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner mostró claras señales de crisis: inflación creciente, una economía cada vez más resentida y un 30% de pobreza, mientras las denuncias de corrupción se sumaban contra el matrimonio presidencial y familiares y amigos.

En este marco, la oposición Cambiemos, conformada en 2015 entre el Pro, la UCR y la Coalición Cívica, logró vencer en las urnas llevando a Mauricio Macri del Pro a la presidencia de la nación. La coalición electoral no supo constituirse en una coalición de gobierno, y así el Pro hegemonizó el poder durante los cuatro años de gestión cambiemista, restándole fuerza a los radicales, que eran conscientes que ofrecían una gigantesca base electoral territorial en cada rincón de cada municipio del país, pero que aceptaron un macrismo cooptando a la coalición. La gestión de Macri resultó en una peor crisis inflacionaria, un muy significativo aumento de la deuda externa y un índice de pobreza que escaló a 36%.

El actual gobierno peronista del Frente de Todos, elegido en 2019, se muestra cada vez más desarticulado en su conducción política y gestionando muy pobremente la economía, y así llegamos a un registro de más de 50% de inflación anual, y a contabilizar casi un 45% de pobreza, en el marco de una pandemia también gestionada muy deficientemente.

En este desorden de cosas, la coalición opositora, Juntos por el Cambio, sigue más junta que unida. Ocurre que actualmente en el Pro conviven el larretismo y el macrisimo, que con alta frecuencia pareciera que se disputan la conducción de la coalición, y ocurre que ahora sí se escuchan a millones de militantes y miles de dirigentes radicales pretendiendo un lugar protagónico, más aún luego de demostrar en las últimas elecciones legislativas, que el mapa se pintó más de morado que de amarillo o celeste. Pero también ocurre que el radicalismo una vez más sucumbe frente a sus internas, que por momentos se vuelven tan estériles como confusas. Martin Lousteau vs Gerardo Morales parece ser la madre de todas las internas radicales de los últimos tiempos. Gerardo Morales acusa al lousteaunismo de coquetear con el larretismo para garantizarse un buen lugar en la ciudad porteña a cambio de Rodríguez Larreta presidente (y si uno observa la estrategia larretista en la última elección legislativa, Morales puede estar en lo cierto). Sin embargo, Gerardo Morales (recientemente elegido presidente de la UCR) ha manifestado pretender conformar una fórmula presidencial para 2023 con Patricia Bullrich, la presidenta del Pro, y eligió reunirse apenas asumió la jefatura de la UCR con Mauricio Macri, quien durante cuatro años ignoró al partido centenario y actualmente invita a la coalición a Javier Milei, quien desprecia a la UCR. Al mismo tiempo, el aterrizaje del “halcón” Pro Jorge Macri en el gobierno porteño trae más roña Pro- Radicalismo, ya que el ex intendente de Vicente López ha manifestado sin disimulo que con Rodríguez Larreta ostentan que el Pro siga siendo el tronco de la coalición y que en 2023 haya un presidente, un gobernador de la PBA y un jefe de gobierno porteño del Pro.

Si el Pro quiere ser eternamente el tronco de una coalición, tal vez debería plantar su propio árbol y seguir germinando su propia fuerza. Si el radicalismo quiere recuperar el vigor radical, los electores ya se lo dieron en las últimas elecciones, falta que los dirigentes dejen de titubear si Rodríguez Larreta o Macri.

Sandra Choroszczucha   Politóloga y Profesora (UBA)   www.sandrach.com.ar